Guapos y pobres en La Vanguardia Magazine

Reportaje sobre los Guapos y pobres para La Vanguardia Magazine. Aquí, la introducción:

LOS GUAPOS Y POBRES son los primeros españoles nacidos o crecidos en democracia y en plena era de la información. Los primeros que han sido educados sin autoritarismo ni represión y que han gozado del bienestar con absoluta normalidad. Una generación de ciudadanos sanos y cultos que buscan la felicidad mediante la práctica responsable de su libertad, del trabajo como medio de realización personal y que a través del consumo logran satisfacer casi todas sus inquietudes.

¿CÓMO SE LES RECONOCE? Básicamente porque son guapos y porque aparentemente son felices aunque no lleguen a final de mes. Viven como bohemios excéntricos y cuesta adivinar si tienen una VISA de oro escondida bajo la almohada o si en realidad son unos muertos de hambre. Lo cierto es que viven en los barrios más cool y los puedes encontrar practicando Taichi en un parque público o fisgoneando libros y DVDs en el FNAC. En realidad, los GP, los guapos y pobres, se mueven a sus anchas tanto en los locales más sofisticados como en los tugurios más añejos de la ciudad. Aún así, lo que les hace verdaderamente inconfundibles es que son unos refinados intelectuales del consumo y porque suelen estar obsesionados por la belleza y la salud.

Además, los GP jamás son distantes ni problemáticos. El enfrentamiento generacional no les ha pillado ni de lejos y nunca han tenido serios problemas con sus padres. De hecho, a los treinta,  muchos aún viven con su familia sin que esto les suponga una gran frustración. En este sentido, cabe recordar que su paso por la universidad tampoco fue conflictivo y que se licenciaron sin demasiados esfuerzos y sin provocar disturbios de ningún tipo. Todos, casi sin excepción, hablan varios idiomas y dominan perfectamente Internet. Muchos trabajan o han trabajado nueve o diez horas como becarios, con contratos temporales o en algún empleo que no les interesaba demasiado para ganar un sueldo que difícilmente supera los 600 euros mensuales. Con todo, nunca se quejan, son obedientes y disciplinados, y evitan los enfrentamientos porque en el fondo saben que tienen las de perder.

Aun así, el optimismo no les abandona y cuando se les toca la fibra sensible en pro de la justicia, la paz, la ecología o la sostenibilidad ellos son los primeros en movilizarse. Llenan las calles, el Fórum Mundial de las culturas aunque apenas puedan pagar el abusivo precio de las entradas, los cines, las salas de conciertos, los bares y restaurantes, los vuelos económicos, y pasean su indolente belleza por los cinco continentes satisfechos de sí mismos.

Y tienen motivos para estar satisfechos. Ellos han sido los primeros en no discriminar a nadie por la diferencia de sexo, raza u orientación sexual. Los primeros en entender que se puede gozar de la cultura sin ir de intelectual por la vida y que el dinero no da la felicidad. Si no pueden tener un coche van en bici, que es más sano y ecológico. Si no pueden comprarse un CD, lo descargan de Internet, aunque se les acuse de piratería. Y si no pueden ganarse la vida como quieren, la viven con alegría, que al fin y al cabo es muy corta y hay que aprovecharla sin malgastar el tiempo con enfrentamientos o malos rollos, que como todo el mundo sabe, no mejora la belleza de nuestro cutis ni beneficia el crecimiento personal…

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